Monday, December 31, 2012

La Patria es una Naranja (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: Cada lunes, en Gaspar, El Lugareño, Félix Luis Viera publica un poema de su libro "La Patria es una Naranja" (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011). Cada texto está acompañado de su traducción al italiano realizada por Gordiano Lupi.

Además, incluimos enlaces a críticas o reseñas que se han escrito sobre el poemario. Ver  In libreria/ Patrizia Garofalo legge Félix Luis Viera, “La patria è un’arancia”

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6


¿Quién habrá de pagar
tus largas noches de solitario en la enorme Ciudad?
De tu desamparo en la inmensa Ciudad, ¿quién será el pagador?
De esos días de invierno permanente
cuando has arrastrado los cascos de todos los caballos,
¿quién será el pagador?
Oh, tú, que en el sur de la Ciudad inacabable
has saboreado el limón de las paredes,
en ese Sur interminable, desolado, glacial donde
eras menos que nada en medio de edificios congelados,
entre mujeres que pasaban gélidas
entre niños con sus montañas de juguetes gélidos
entre puestos de vendedores ambulantes (valga la paradoja)
que asaltaban con sus ojos tus bolsillos perdidos
proponiéndote mercancías tan distantes de tu Sueño.
En el Sur de la ciudad de México
has odiado al perro que te emboscaba al regreso de tus noches,
lo odiabas como se odia el dolor de una uña en el ojo,
mas
una noche, a gritos,
dialogaste con él
y el perro pareció comprenderte,
comprendió su perra humanidad, tu humanidad perruna
y casi te besó como se besa a un perro hermano
y se hicieron amigos.
En el Sur de la ciudad de México
desembarcaste una tarde en la avenida Canal de Miramontes
y viste cuán frágiles eran los hombres que han hecho del metal
sus más logrados proyectiles,
probaste en tus ojos esa tarde mexicana de junio
y supiste por qué los humanos siguen fabricando juguetes.
Más hacia al sur se hallaban los cerros
tenuemente velados
(igual que en esas cursis fantasías de ciertos dibujos
tropicales)
y tu destripado corazón brindó en silencio
y en seco tu boca
por aquellos
que se hallaban mucho más allá de esos cerros, allende
el mar
y que estarían
brindando en silencio y en seco la boca por ti
allá
en el rincón
que tantos años
habías calentado con tus versos y tus odios.
Luego comprobarías que no sólo en el Sur, sino
en cualquier sitio
las sirenas constantemente avisaban de crímenes, incendios,
inundaciones, fugas de asesinos y ladrones,
que no sólo en el Sur
los “niños de la calle” esperaban en vano aquella sombrilla policroma
que Santa Claus les había prometido 200 años atrás,
que no sólo en el Sur
cientos de mujeres, de pronto, aparecían,
discretamente compacta la figura,
el paso rápido, las tetas
que parecían aventajar a cualquier ismo en dos segundos, esas tetas
que iban temblando como
si en lugar del frío, algún infiernillo
les fuese naciendo desde adentro,
miles, no sólo en el Sur,
con sus cabezas apenas cuadradas y pequeñas,
negro, liso el cabello,
la piel del tamarindo, el níspero,
ellas mismas pequeñas y como asombradas
de sus ojos oscuros, horadantes.
En la avenida Canal de Miramontes
cae la tarde
y vienen a asumirla los soldaditos azules de todos los niños de la Tierra
y tú, poeta, has comprobado, creo
que por primera vez, la herida
de ese entorno plástico
que parte en dos a la Esperanza.
En el Sur de la enorme ciudad de México.
En el Sur de la enorme ciudad de México
el esmog a veces decrece vagamente
y así
aun puede reverberar una avenida
o proclamarse el brillo en las medias de una mujer
o canturrear una ventana
o un árbol inclinarse para tocar su sombra,
de modo que el Sol casi es un sol.


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6


Chi dovrà pagare
le tue lunghe notti solitarie nell’enorme Città?
Chi pagherà il tuo abbandono nell’immensa Città?
Chi pagherà
quei giorni d’inverno permanente
quando hai trascinato gli zoccoli di tutti i cavalli?
Oh, tu, che nel sud della Città interminabile
hai assaporato l’acidità della muffa sui muri,
in quel Sud infinito, desolato, glaciale dove
eri meno di niente in mezzo ad edifici congelati,
tra donne che passavano gelide
tra bambini con le loro montagne di giocattoli gelidi
tra bancarelle di venditori ambulanti (valga il paradosso)
che assaltavano con i loro occhi le tue tasche perdute
proponendoti mercanzie così distanti dal tuo Sogno.
Nel Sud di Città del Messico
hai odiato il cane che ti tendeva un’imboscata al ritorno delle tue notti,
lo odiavi come si odia il dolore di un’unghia nell’occhio,
inoltre
una notte, gridando,
dialogasti con lui
e il cane sembrò comprenderti,
comprese la sua cagna umanità, la tua umanità canina
e quasi ti baciò come si bacia un cane fratello
e diventaste amici.
Nel Sud di Città del Messico
ti presentasti una sera nel viale Canal de Miramontes
e vedesti quanto erano fragili gli uomini che hanno forgiato dal metallo
i loro più riusciti proiettili,
provasti con i tuoi occhi la sera messicana di giugno
e comprendesti perché gli umani continuano a fabbricare giocattoli.
Più verso sud si trovavano le colline
tenuemente velate
(come nelle volgari fantasie di certi disegni
tropicali)
e il tuo lacerato cuore brindò in silenzio
e la tua bocca restò in silenzio
per coloro
che si trovavano al di là delle colline, all’altro lato
del mare
e che stavano
brindando in silenzio e con la bocca chiusa per te
là,
nel cantuccio
che per tanti anni
avevi riscaldato con i tuoi versi e il tuo odio.
Dopo comprendesti che non solo nel Sud, ma
in qualunque posto
le sirene costantemente avvisavano di crimini, incendi,
inondazioni, fughe di assassini e ladri,
che non solo nel Sud
i “bambini di strada” attendevano invano quel parasole policromo
che Santa Claus aveva promesso 200 anni prima,
che non solo nel Sud
centinaia di donne, immediatamente, si mostravano,
discretamente compatto il corpo,
il passo svelto, i seni
che sembravano superare qualunque ismo in due secondi, i seni
che trepidavano come
se al posto del freddo, un piccolo inferno
stesse nascendo dall’interno,
migliaia, non solo nel Sud,
con le loro teste quasi quadrate e piccole,
neri e lisci i capelli,
la pelle color tamarindo e nespolo,
loro stesse piccole e come meravigliate
dei loro occhi scuri, penetranti.
Nel viale Canal de Miramontes
scende la sera
e vengono a prenderla i soldatini azzurri di tutti i bambini della Terra
e tu, poeta, hai verificato, credo
per la prima volta, la ferita
di quel contorno plastico
che divide in due la Speranza.
Nel Sud dell’enorme Città del Messico.
Nel Sud dell’enorme Città del Messico
lo smog a volte diminuisce vagamente
e così
può ancora riflettersi un viale,
manifestarsi la lucentezza nelle calze di una donna,
canticchiare una finestra
e un albero chinarsi a toccare la sua ombra,
per fare in modo che il Sole sia quasi un sole.

(Traducción de Gordiano Lupi)

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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